
Y el espacio entre los cuerpos empieza a menguar, detenidos frente a frente mirándonos los pies, mirando los pies moverse al grácil compás de la música roja que envuelve nuestra lucha como una madre envuelve a su recién nacido. Siento tu mirar en mi frente, me quema, pero yo sigo mirando al abismo cada vez más estrecho entre nosotros. Ahora sé que mi boca es el objetivo de tus pardos y temblorosos ojos. Subo la cabeza contra mi voluntad, ahora nuestros pies no tienen vigilia, son libres. Pero ahora mi cara es presa del suave quemar de tus ojos. Y tu mano embiste a la mía como un zorzal celoso. La mía no reacciona, se resiste. Cede. Tengo tu respiración en mis pupilas, la siento mía, siento que podría controlar tu respirar, tu mirar, tu danzar, asimismo como la música controla nuestros pies. Me aproximo, juegas con mis cinturas y las tuyas, se abrazan. Mi cuello siente el pasar de la vida por el tuyo. Lo envuelve y lo asfixia delicadamente, con cuidado. Nuestros cuellos se separan, pero nuestros pies siguen juntos, ellos solos. Mis ojos recorren tu boca, bordean las comisuras, recorriéndola de punta a cabo, y ahora encuentro mis ojos en los tuyos. Se mueven. Se obedecen. Discuten y se evitan. Pero mi boca los sosiega en el momento de entrar en la tuya, y los pies vuelven a ser míos. Y tus dientes ahora son como los míos, las cadenas chocan. Siento un cardumen de algo que nace en mi estómago y es exalado en un amargo placer que al final se vuelve dulce, tibio. Siento tu temperatura, la comparto mientras tu mano va tanteando mis facciones, mi piel es su lazarillo, luego vuelve a descansar en la mía. Mi pelo te envuelve con la fragancia que sólo tú percibes y que me devuelves en el aire que comparte escenario con las belicosas lenguas y las límpidas cadenas. Pero al final vuelven a apaciguarse, simultáneamente, pidiéndose el permiso entre ellas, sumisas, al momento en que las manos se despiden una de otra, y se alejan. Los pies pierden su voluntad y nuestras temperaturas cambian. Pero desde ahora, tu mirar juega preso dentro de mi boca, queriendo escapar sin saber que ahora es esclavo de mis recuerdos fugaces, esclavo de su propio momento, esclavo de nuestros besos.

2 comentarios:
bah esa foto es del mavi pendeho
o por lo menos se parece xD
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